Cuando alguien dice «satén», casi todo el mundo piensa en una tela brillante, suave y con una caída elegante. Es verdad, pero hay un detalle que se suele pasar por alto y que cambia por completo cómo se elige y cómo se cose: el satén no es una fibra, es una forma de tejer.
Qué es realmente el satén
El satén es un tipo de ligamento, es decir, la manera en que se entrelazan los hilos del tejido. En el satén, los hilos de una dirección «flotan» por encima de los de la otra durante bastante recorrido antes de cruzarse. Eso crea una superficie muy lisa que refleja la luz, y de ahí viene su brillo característico.
Lo importante: como es un tejido y no una fibra, puede estar hecho de materiales muy distintos.
De qué puede estar hecho
- Satén de seda: el más lujoso, con un tacto muy fino.
- Satén de poliéster: el más habitual y económico. Mantiene muy bien el brillo y es fácil de encontrar.
- Satén de acetato o viscosa: con una caída fluida, pero más delicado.
- Satén de algodón (sateen): con un brillo más suave y un tacto más mate.
Esa diferencia importa a la hora de comprar, porque el comportamiento de cada uno al coser, lavar y planchar es distinto. Siempre conviene mirar la composición de la etiqueta.
Un poco de historia
Se suele atribuir el origen de este tipo de tejido a China, donde se desarrolló junto con la seda. Con el tiempo viajó por las rutas comerciales hasta llegar a Europa, donde se hizo muy apreciado en la ropa de ceremonia y en las telas de decoración.
Para qué prendas se usa
Vestidos de fiesta, blusas fluidas, faldas midi, camisones, lencería y forros. Es una tela que luce mucho, y por eso casi siempre se elige para prendas en las que se quiere un acabado especial.
Antes de lanzarte con él
El satén tiene fama de ser difícil de coser, y es cierto que pide algo más de cuidado que el algodón. En el próximo artículo te explicamos cuándo conviene elegirlo y cuándo es mejor otra tela.
Si quieres ver qué prendas encajan con una tela fluida, echa un vistazo a nuestra colección de vestidos en PDF.